Ricky Muñoz

Ricky Muñoz
Durante 19 años, desde la formación de Intocable en agosto de 1994, ha sido el líder indiscutido del grupo, donde toca el acordeón y canta. Pero en los hechos el papel de Ricky Muñoz se multiplica porque, entre otras cosas, también es compositor, productor y diseñador de imagen.  
 
En su faceta netamente creativa el afiliado de SESAC Latina es quizás menos conocido que en su estelar papel de vocalista. Su inquietud en torno a la composición surge más o menos a sus 15 años de edad, antes de Intocable, aunque en una época en que ya había decidido formar el grupo junto a su amigo René Martínez
 
Ricardo Javier "Ricky" Muñoz nació un 15 de septiembre, día de El Grito de la Independencia de México, en Laredo, Texas. El pueblo del cual es originario, Zapata, era tan pequeño que no tenía hospital. En esa zona que le es tan familiar, conoce a René desde que ambos eran adolescentes. Cierta vez, mientras visitaba el rancho de su abuelo, un primo le contó que René tocaba la batería y, como él ya tocaba el acordeón, cuando ambos coincidieron físicamente le propuso que hicieran “algo”.  
 
Casi de inmediato empezaron a buscar otros músicos y así fueron armando el grupo. En esa forma se le daba inicio a Intocable, una organización que desde su primer disco marcó la pauta y por su profesionalismo, por su disciplina y sus fusiones fue adquiriendo el prestigio de los auténticos pioneros hasta ejercer una notable influencia en otros artistas y crear todo un movimiento de renovación y modernización dentro de su género.  
 
Después de haber ganado importantes premios, entre ellos el Grammy, el Latin Grammy y el Premio Lo Nuestro, haber establecido históricos ‘sold out’ en Estados Unidos y en México, y haber vendido millones de copias con sus 15 grabaciones de música inédita, el mayor orgullo de Ricky Muñoz es que al escuchar las primeras notas de una canción de Intocable la gente ya sabe que es Intocable.  
 
Ese es el resultado de proponer un estilo y un repertorio cuyo destino es quedarse: "Hay que trascender de esa manera. No ser nomás del montón”, afirma. “Por eso todas las canciones de un álbum deben tener la misma fuerza".  
 
Componer canciones, según el punto de vista de Ricky, es en su caso otra manera de meditar, de relajarse y de expresarse: “Cuando alguien escucha por ahí alguna canción mía a veces le ruedan sus lágrimas. Es impresionante ver esa conexión con el público”.  
 
De las muchas anécdotas que lo emocionan recuerda que, al observar su afición por la música, a sus 10 años de edad su abuelo le regaló su primer acordeón como si se tratara de un juguete. El que le dio las primeras lecciones fue un señor de ahí, de Zapata, Beto González. Le enseñó los acordes, “pero no la manera de tocar, porque eso no se enseña. Nadie lo puede enseñar”. 
 
Ese episodio fue fundacional. Desde entonces soñó con ser músico: “Cuando recibí ese primer instrumento me sentí como si fuese el mejor acordeonista del mundo. Pensé que el mundo me estaba esperando”.  
 
El tiempo le dio la razón. Ese era el camino correcto: para él, para su maestro y, sobre todo, para la sabia percepción de su abuelo.





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