Luz Casal

Luz Casal
Lanzó su voz en recónditos lugares del norte de España cuando apenas levantaba unos palmos del suelo. Ni siquiera entonces la música fue para ella un juego de niños. Era más, mucho más: un pálpito aún indescifrable, una vocación a la que ya jamás renunciaría. La joven Luz alimentó sus sueños con estudios de baile y música, pero su impaciencia y la insobornable certeza de que cantar era su forma de expresión predilecta la llevaron a Madrid. Allí, en 1982, grabó su primer disco.
 
Comenzaba la construcción de un universo creativo complejo y explosivo sustentado en el rock, un género hasta entonces monopolizado por los hombres. Sus siguientes álbumes volvían a demostrar la tendencia de Luz a dinamitar estereotipos y certificaron su compromiso con los ritmos eléctricos. Pronto llegó el éxito masivo de la mano de canciones como No me importa nada, Loca, Rufino o Te dejé marchar. Por entonces Luz ya se había recorrido todo el país en numerosas giras, incluida la inolvidable El rock de una noche de verano, junto a Miguel Ríos y Leño.
 
Siempre certero en la elección de sus colaboraciones, Pedro Almodóvar le pidió que pusiera voz a la película Tacones lejanos a través de un bolero de Agustín Lara, Piensa en mí. A pesar de las reticencias de su entorno, Luz aceptó la propuesta. Su interpretación resultó tan descarnada y magistral que aquel tema dio la vuelta al mundo. Era el momento de traspasar fronteras: Francia le abrió las puertas hasta convertirse en un feliz segundo mercado para la cantante española, cuya presencia en el país galo es constante desde entonces.
 
A comienzos de la década de 1990 participó en un histórico festival organizado por Amnistía Internacional en Chile en el que cantaron, entre otros, Sinead O’Connor o Peter Gabriel. La proyección internacional de Luz resultaba cada vez más poderosa. Transcurrían los discos y los éxitos: Entre mis recuerdos, Besaré el suelo o Un pedazo de cielo la consolidaron como la vocalista española más alabada por crítica y público.
 
Luz se dedicó a asimilar una fama que había alcanzado cotas impensables y a potenciar unas giras cada vez más amplias. Abrazó el nuevo siglo con la publicación de su octavo disco y continuó su fructífera relación con el cine. Tras ganar junto a Pablo Guerrero el premio Goya a la mejor canción por el tema que compusieron para la película El bosque animado, Alejandro Amenábar incluyó su versión de Negra sombra, elhermoso poema de Rosalía de Castro, en la oscarizada Mar adentro.
 
Consolidada en mercados como los de Grecia, Portugal, Turquía, Bélgica, Mónaco, Túnez, Alemania, Italia, Inglaterra, México, Venezuela o Chile, y abriéndose paso con fuerza en países como Austria, Suiza, Holanda, Argentina, Colombia o el Reino de Bahrein, Luz vio truncado aquel despegue en 2007, cuando le diagnosticaron un cáncer de mama. Lejos de ceder al desaliento, entre sesiones de quimioterapia, fraguó un nuevo disco que respondía con rotundidad a las preguntas sobre su estado físico y anímico. Volvió a la carretera con varios conciertos benéficos a favor de la Asociación Española contra el Cáncer y diferentes organizaciones sin ánimo de lucro para las que ha recaudado más de 200.000 euros.
 
La pasión, su duodécimo disco, publicado en 2009, supone un viaje por la música popular hispanoamericana del siglo pasado. Historia de un amor, Alma mía o Con mil desengaños son algunas de las canciones del álbum, editado en Estados Unidos bajo el histórico y distinguido sello Blue Note. En 2010 le fue diagnosticado otro cáncer de mama. Con estoicismo, sorteó de nuevo la crueldad de la enfermedad para retomar su gira internacional.
 
Un ramo de rosas, el recopilatorio editado a finales del pasado año, comprime una discografía brillante de la que ha vendido más de seis millones de copias en todo el mundo. Y es que Luz cuenta con una trayectoria en continua expansión. Ha llenado el mítico teatro Olympia de París hasta en cinco ocasiones. Ha cantado en el Central Park de Nueva York y en la Acrópolis de Atenas. Recientemente, incluso, ha accedido a un mercado tan hermético como el chino mediante una pequeña gira con paradas en Beijing, Shanghai, y Guangzhou. Entre los reconocimientos que la avalan figuran la Medalla de la Artes y de las Letras de España, la distinción como Caballero de las Artes y las Letras de Francia, la Llave de la Ciudad de París, la Llave de la Ciudad de Madrid, la Medalla Castelao de Galicia y numerosos Premios de la Música en España.
 
Para explicar estas y otras conquistas inauditas por parte de un intérprete español existe unanimidad al destacar su personalidad singular, el poderío de su registro vocal y sus arrolladores directos, que se pasean entre la poesía y el rock. Sus colaboraciones con artistas de la talla de Jean-Baptiste Mondino, Étienne Daho, Henri Salvador, Jackson Browne, Antonio Vega o el grupo Cuarteto Ebène,por citar sólo algunos nombres, han alimentado su dimensión internacional elevándola a categoría de musa. Y es que hoy, más que nunca, puede afirmarse que Luz es la voz española con mayor eco mundial.
 
 
Alberto Gómez Almendres





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